La iglesia católica proclama cuatro “dogmas de fe” en torno a María. El central es que María es Madre de Dios. Los otros son: María es Virgen, María no tuvo pecado original (Inmaculada Concepción) y María subió al cielo en cuerpo y alma (Asunción a los cielos). Proclama también la iglesia católica otras cuatro “verdades fundamentales” sobre María: María es corredentora, María es reina, María es madre espiritual de todos los creyentes y María es medianera de todas las gracias.
El culto a María ha ido en ascenso imparable con los siglos. La primera iglesia dedicada a María no aparece en Roma hasta el siglo IV. Y es hasta el siglo VIII que a María se le reserva un culto de “hiperdulía” (extrema reverencia), por debajo del de “latría”, que merecen solo Dios y Jesús, pero muy por encima del de “dulía” que merecen los santos y santas.
A partir del siglo XVI, la Reforma protestante cuestiona el culto a María: Las iglesias protestantes históricas no admiten los dogmas marianos. Sin embargo, la crítica protestante de la mariología católica no contribuyó a des-patriarcalizar el cristianismo nacido de la Reforma. Más bien, acentuó sus rasgos masculinos y hasta empobreció emocionalmente su espiritualidad.
Madre de Dios: un dogma
“María Madre de Dios” fue un dogma definido por el Concilio de Éfeso (año 431) y más tarde proclamado por el Concilio de Calcedonia (año 451) y el segundo de Constantinopla (año 553). Su formulación —basada en los conceptos naturaleza / persona— hay que inscribirla en la filosofía helenista que dominaba entonces la Cristiandad. La instalación del dogma fue precedida de una disputa violenta entre el patriarca de Alejandría, Cirilo, y el patriarca de Constantinopla, Nestorio. Cirilo proponía la fórmula “Theotokos” (Madre de Dios) y Nestorio proponía “Christotokos” (Madre de Cristo, es decir, del Jesús humano y mortal). Finalmente se adoptó como dogma la doctrina propuesta por Cirilo, se le concedió a María el título de Madre de Dios, y los nestorianos fueron condenados como herejes.
En Éfeso y en Calcedonia ganaron los alejandrinos. El Concilio de Éfeso formuló así el dogma: Desde un comienzo la Iglesia enseña que en Cristo hay una sola persona, la segunda persona la Santísima Trinidad. María no es sólo madre de la naturaleza, del cuerpo, sino también de la persona, quien es Dios desde toda la eternidad. Cuando María dio a luz a Jesús, dio a luz en el tiempo a quien desde toda la eternidad era Dios. Así como toda madre humana, no es solamente madre del cuerpo humano sino de la persona , así María dio a luz a una persona, Jesucristo, quien es ambos, Dios y hombre. Entonces, Ella es la Madre de Dios.
Anne Baring
Anne Baring es una sicoanalista británica que bucea en el inconsciente de las personas y en el inconsciente colectivo. Con Jules Cashford, también británica y filósofa, han investigado la presencia de “lo femenino” a lo largo de la historia de las religiones occidentales y en la psique de toda la Humanidad. El resultado de este estudio es el extraordinario libro “El mito de la diosa” (Ediciones Siruela, 2005).
En este libro, Baring y Cashford sostienen, entre otras, la tesis de que la “divinización” de María en los dogmas y en el culto de la religión católica expresa la necesidad que la espiritualidad humana tiene de lo femenino, la nostalgia que tenemos por recuperar a la diosa ancestral, perdida hace más de cuatro mil años. A la vez, afirman que al hacer a María “virgen” y despojarla así de su sexualidad, la institución eclesiástica católica ha alejado a María de aquella Gran Madre primordial, la ha convertido en Reina “del cielo”, negándole su reinado “en la tierra”. Este cortocircuito cultural-religioso centrado en la figura de María provoca en la psique colectiva una contradicción fundamental. Esta contradicción la padecen inconscientemente o la perciben y la rechazan especialmente las mujeres, a las que se presenta a María como modelo inimitable. Recomendamos la lectura de este libro, lúcido e indispensable.
Cómo nació el dogma de la Théotokos
Baring y Cashford relatan así el origen del dogma de María Madre de Dios:
Aproximadamente en el año 431 d.C. María fue proclamada no sólo ‛portadora de Cristo’ sino ‛portadora de Dios’, (en griego, Theotokos), en un concilio celebrado en Éfeso y presidido por Cirilo de Alejandría. ¿Qué había sucedido? La posición de María ya era, en este siglo IV, una cuestión obviamente preocupante. Epifanio, un padre de la Iglesia, había hecho una distinción precisa: “Que María sea honrada, pero que el Padre, el Hijo y el Espíritu sean adorados”.En el primer concilio de Constantinopla del siglo IV la maternidad virginal de María había sido proclamada como una manera de asegurar la divinidad de Cristo: el dogma llamaba la atención sobre la suspensión de las leyes naturales en el momento de su encarnación. Más tarde, a comienzos del siglo V, Nestorio, patriarca de Constantinopla, resaltaba que Cristo poseía dos naturalezas, una humana y una divina; esto significaba que María llevó a Cristo en su vientre, pero no pudo haber llevado a Dios. Los obispos de Siria estuvieron de acuerdo con él, pero no así Cirilo, patriarca de Alejandría. Se decidió entonces celebrar un concilio en Éfeso para discutir esta cuestión. Pero Cirilo declaró el concilio abierto antes de que se presentasen los obispos sirios e inmediatamente excomulgó a Nestorio, a quien no acompañaba nadie que pudiese defender su causa. Éste fue el dudoso y muy humano fundamento de un dogma que nunca más se pondría en duda.
Muchos autores y autoras resaltan la “coincidencia” de que este dogma se proclamara en Éfeso, ciudad que fue centro del culto a la Gran Madre de las religiones ancestrales, del culto a la diosa frigia Cibeles, diosa de la Madre Tierra, adorada en Anatolia desde tiempos del Neolítico; y del culto a la diosa Artemisa, diosa de la caza (Diana para los romanos), una diosa también virgen y también intercesora ante los dioses.
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