En la tradición de los profetas
Las bienaventuranzas proclamadas por Jesús como buena noticia a los pobres dan continuidad a la tradición de los grandes profetas de Israel para quienes la pobreza, como situación de opresión, es un escándalo que va contra la vida y, por tanto, contra la voluntad de Dios. La pobreza de “los huérfanos y las viudas” ―emblema en aquellos tiempos de miseria y de marginación― debía ser rechazada, combatida, eliminada si se quería ser fiel a Dios. Eso es lo que predicaron los profetas, también Jesús, no viendo en esa situación una fatalidad, sino la consecuencia del abuso de poder de unos seres humanos sobre otros.
Lázaro y Epulón
Una de las más famosas parábolas de Jesús es la del rico Epulón (el Opulento) y el pobre Lázaro (Lucas 16,19-31). Hay que inscribirla en las narraciones que en todas las culturas expresan la indignación popular ante las injusticias y el anhelo de que Dios haga justicia a favor de los pobres.
Dios en cada grano
La teóloga feminista coreana Chung Hyun Kung, en su libro “Struggle to be the Sun Again” (Orbis Books, 1990), resume así las ideas de una mujer pobre de una zona de la India, azotada por hambrunas:
Sin comida, no hay vida. Cuando las personas que están muriendo de hambre comen, experimentan a Dios en cada grano. Conocen y gustan de Dios cuando mastican cada grano. La comida los vivifica. El mayor amor de Dios por quienes se están muriendo de hambre es la comida. Cuando el grano de la tierra sustenta su vida, descubren el significado de la frase: “De tal manera amó Dios al mundo que dio a su Hijo amado”. Cuando Dios les da comida por medio de otros seres humanos comprometidos, Dios les entrega a su Hijo amado, Jesucristo.
La Teología de la Liberación
Surgida en América Latina en los años 60 y 70 del siglo XX, la Teología de la Liberación encontró en las bienaventuranzas un texto clave para promover y desarrollar una práctica y una interpretación revolucionaria del mensaje de Jesús. Siendo América Latina la única región del mundo mayoritariamente cristiana y con la mayor inequidad entre pobres y ricos de todo el planeta, era coherente que fuera en este continente en donde los ojos de teólogos y de comunidades, de organizaciones, de religiosos, religiosas y hasta de obispos, rescataran el mensaje original de Jesús a favor de los pobres.
Son muchas las perspectivas de las que parte la Teología de la Liberación latinoamericana, que buscaba liberar la teología cristiana del cautiverio eurocéntrico. Y que supuso una ruptura de la hegemonía doctrinal, espiritual y moral de la iglesia católica romana en el continente.
La Teología de la Liberación entiende la teología no como un ejercicio teórico sino como una reflexión crítica sobre la praxis. La entiende no como una afirmación o recitación de verdades, sino como una postura ante la vida. Pone lo humano en el centro y ve en la realidad humana, especialmente en las injusticias entre los seres humanos, no sólo un objeto de análisis sino un motivo para el compromiso. Da más importancia a la ortopraxis que a la ortodoxia. Entiende la historia como un proceso permanente de la Humanidad hacia su liberación colectiva e individual y propone vivir en la historia denunciando proféticamente las injusticias y anunciando el camino hacia la liberación. Promueve una evangelización concientizadora, que permita pasar de una conciencia mágica y providencialista a una conciencia crítica y comprometida con la causa de la justicia y de la paz.
La Teología de la Liberación rescata al Jesús histórico y asume en profundidad la dimensión política de su mensaje. Revaloriza a los grandes profetas del Antiguo Testamento. Hace más énfasis en el pecado estructural que en los pecados individuales. Insiste en que la relación con el prójimo, especialmente con el prójimo pobre, es el centro de la fe cristiana y enseña que la conversión al prójimo es el sentido último de la espiritualidad.