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OTRO DIOS ES POSIBLE
¡100 entrevistas exclusivas con Jesucristo en su segunda venida a la Tierra! |
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Estalla la polémica
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Otro Dios llega a El Salvador |
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Invitada por CEIPES (Coordinación Ecuménica de la Iglesia de las Pobres y los Pobres de El Salvador), María López Vigil presentó en San Salvador el 14 y 15 de marzo “Otro Dios es posible”, en un clima de gran expectación, porque 24 horas antes de su llegada al país, el arzobispo de San Salvador, Fernando Sáenz Lacalle, miembro del Opus Dei, había prohibido que las presentaciones se hicieran en el Hospitalito donde Monseñor Romero fue asesinado y en la cripta de la Catedral metropolitana, donde están enterrados los restos de aquel obispo que predijo que si lo mataban resucitaría en su pueblo.
La prohibición le puso más “chile” a las actividades. El Centro de Defensa de los Consumidores, integrante del Movimiento Social salvadoreño, abrió sus puertas y cedió su auditorio. 80 personas el día 14 y otras 80 el día 15 acudieron a las presentaciones. Había sacerdotes, religiosas y agentes de pastoral, siendo significativa la presencia de mucha gente joven.
El viernes 14, la teóloga laica salvadoreña, Suyapa Pérez, destacó que la teología feminista ha puesto su sello en el “otro Dios” y felicitó a los autores por la combinación “genial” que habían logrado entre teología de la liberación y teología feminista. El sábado 15 María López Vigil logró entrar en la cripta de Catedral, burlando candados y prohibiciones, con un solo objetivo: dejarle a Monseñor Romero en su tumba un ejemplar del libro y el CD con las 100 entrevistas, como un gesto simbólico. “Hace más de 25 años dedicamos Un tal Jesús a un tal Monseñor Romero, hoy queremos dedicarle también a él, que sigue vivo en este pueblo, nuestro trabajo”, dijo a quienes llegaron a la presentación.
Entre las primeras reacciones recogidas en las comunidades eclesiales de base que escucharon algunas de las entrevistas antes de las dos presentaciones, está la de doña Santos, vendedora de ajos: “Al principio los programas me parecieron un poco blasfemos, pero cuando los analizamos con todos y lo escuché con el corazón, ya no”. Una mujer mayor de la comunidad de El Paraíso comentó: “Nos abre más el coco de lo que ya lo teníamos abierto”. Y Pablo, albañil de profesión, concluyó: “Este tipo de formación es buena, porque la formación debe ser fermento y no cemento”.
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El Trabajo Pastoral y Otro Dios |
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La Teología me ha aportado muchos elementos al sentido de mi vida. Y también me ha brindado herramientas para lo que llamamos el trabajo pastoral, y que en términos más inclusivos vamos conociendo en América Latina y el Mundo como el trabajo para ir haciendo posible “Un Mundo Mejor”. A partir del estudio de la teología me he convencido más que la educación es una herramienta básica para la auto-liberación de los pueblos. Ya que posibilita la constitución de las personas como sujetos sociales, conscientes y activos. Sin embargo, no ha sido cualquier teología la que me ha brindado esta oportunidad. Hablo de la teología que no pretende “canonizar” conceptos -que por cierto muy pocos “privilegiados” entienden-, que no se basa en la defensa y afirmación de dogmas que llevan a la enajenación o al fanatismo sino que es una auténtica reflexión que busca el bien propio y de los otros, para permitir así la acción del Espíritu en la constitución de un “Mundo Mejor”. Sí, una Teología como que está a la base de la obra de los hermanos Vigil.
En Marzo de este año 2008, luego de darme el tiempo para escuchar y analizar algunas series de la obra “Un Tal Jesús” de los hermanos Vigil, escribí una nota por correo electrónico para agradecerles su trabajo y felicitarlos por esta serie que se hizo popular en los 80s, y por la que los acusaron de herejes y vulgares. Tuve acceso a la obra gracias a que ahora está disponible en Internet, y me impactó el ingenio con el que hacen la relectura de los Evangelios para el contexto latinoamericano, presentada en una radionovela. El 1º de abril, he recibido respuesta de agradecimiento por mis palabras e información de su nueva obra titulada “Otro Dios es Posible”, y al terminar el mes ya había escuchado las 100 entrevistas.
Para este mes de septiembre, ya he utilizado algunas series de ambas obras como complemento para un curso de Agentes de Pastoral, y el recibimiento ha sido excelente. La obra de los autores cubanos “Otro Dios es Posible”; enfrenta de manera valiente y sincera los principales temas de debate candente en la Teología; asume los avances teológicos dándolos a conocer de manera tranquila, clara y sencilla para la el pueblo latinoamericano; tiene una gran dosis de buen humor; promueve una imagen de Dios más aterrizada y humana; menciona algunos de los problemas más urgentes de la agenda mundial; corrige errores de “Un Tal Jesús”; contiene importante e ineludible información histórica; y porta una pedagogía excelente y efectiva. También impacta la sinceridad con la que los autores enfrentan el debate al colocar todos los comentarios en la Web que alberga la obra, aún los que intentan ser destructivos.
María y José Ignacio López Vigil, muchas gracias por compartir con todos la riqueza del conocimiento que han adquirido, pero sobre todo por hacer uso de él en la labor de liberación de nuestro Pueblo Latinoamericano. Pues creo que una de las fuerzas que más lo oprime es la religiosa, pues se alberga en lo íntimo de la sensibilidad de las personas, e inconsciente, causa tanto daño como la maldad misma. Gracias por ser portavoces de lo que, cada vez más personas, creemos. Que no es más que el Espíritu que estamos descubriendo en nuestra gente, pero sólo cuando vivimos con ellos y les escuchamos, y no, cuando estamos sólo atentos a condenar sin comprender, o a los discursos enajenantes que ya muy pocos creen.
Muchas gracias también a Don Pedro Casaldáliga e Ivone Gebara -a quines respeto y han influido en mi formación como teólogo- y todos que apoyan esta obra. Seguimos en comunión en el trabajo por “Otro Mundo Posible”.
Valentín Mendoza Morales. México – Colombia – New York.
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Arzobispo de San Salvador prohibe presentación |
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El arzobispo de San Salvador, Fernando Sáenz Lacalle, prohibió que “Otro Dios es posible” fuera presentado en el auditorio del Hospital la Divina Providencia de San Salvador, en cuya capilla fue asesinado Monseñor Romero el 24 de marzo de 1980. Así lo confirmó a María López Vigil la Hna. María Julia, superiora de las religiosas Carmelitas que se ocupan del hospital y que mantienen viva la memoria de Monseñor Romero. Sáenz Lacalle prohibió también la presentación de las 100 entrevistas con Jesucristo en la cripta de la Catedral de San Salvador, donde está enterrado Monseñor Romero, según le explicó a la co-autora de “otro Dios es posible” el sacerdote que había organizado la presentación en este lugar y fue conminado a suspenderla.
María López Vigil fue invitada por CEIPES (Coordinación Ecuménica de la Iglesia de las Pobres y los Pobres de El Salvador) a presentar en San Salvador el 14 y 15 de marzo “Otro Dios es posible”. Las presentaciones se hicieron, en un ambiente de mucha expectación y acogida, también de rechazo a la prohibición, en el Centro de Defensa de los Consumidores.
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Ivone Gebara, teóloga brasileña. |
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Caros Maria e Jose Ignacio: Los programas de ustedes están bueníssinos. No te imaginas cómo hacen bien. Ayer compartí algunos con mi tío de 88 años que está enfermo. Me pidió de felicitarles. Se sintió tan bien y a cada nueva emissión me decía: "Esto está muy bueno, pero no le va a gustar al Vaticano". Me alegró mucho saber que la serie va a salir en portugués. Además tengo que agradecer a la periodista Raquel por haberme llamado desde Nazaret y a Jesús por haber confirmado mi teología. Gracias por el trabajo de ustedes.
Ivone Gebara. Teóloga feminista brasilera.
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Otro Dios se presenta en Nicaragua |
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Otro Dios es Posible se presenta en Nicaragua
El 19 de febrero y en el Centro Antonio Valdivieso de Managua 160 personas acudieron a la presentación de “Otro Dios es posible”. La poeta Michelle Najlis introdujo a los autores, afirmando que habían tenido “la osadía de pensar”.
“Todos somos ateos de alguno o de muchos dioses -dijo José Ignacio-, por eso es tiempo de reflexionar en qué dios creemos, para buscar al Dios de quien nos habló Jesús”. “Si no transformamos la idea de Dios con la que caminamos, un dios que todo lo decide, un dios que es varón y que nos da miedo, un dios castigador, no podremos transformar a Nicaragua”, insistió María.
Al escuchar la primera entrevista, la sorpresa del público fue grande al reconocer enseguida la voz de quien hace el papel de Jesucristo. Se trata del actor radial y cantautor nicaragüense Otto de la Rocha, tan querido y admirado en este país por su larga trayectoria artística. Otto, que estaba entre el público, habló de lo importante que fue para él asumir este trabajo y recibió una ovación.
En Matagalpa...
Después de Managua, “otro Dios” viajó a Matagalpa. El 20 de febrero y ante 75 mujeres organizadas se presentó en el Centro Guanuca de esa ciudad. Entre las muchas entrevistas con Jesucristo, las mujeres escucharon con especial atención las dos en las que Jesús habla sobre el aborto. La penalización del aborto terapéutico desde octubre de 2006, decisión legislativa en la que participaron los dos partidos liberales y el Frente Sandinista, sigue causando en este país miedo, muertes y una controversia nacional.
El 21 de febrero la presentación tuvo lugar en Estelí, en la casa de las Comunidades Eclesiales de Base. 60 mujeres debatieron sobre varias de las entrevistas y decidieron formar un grupo para continuar reflexionando sobre las palabras de Jesús en su “segunda venida”.
El 22 de febrero, la presentación de “Otro Dios es posible” se realizó en la norteña ciudad de Ocotal, dentro de un encuentro nacional de 150 mujeres municipalistas y bajo el título de “Transformar la idea de Dios para construir ciudadanía”. En esta ocasión se pudo comprobar lo polémico y provocador del material, ya que la mitad de las mujeres abandonaron el salón, aferradas a las ideas tradicionales del dios providencial y a una lectura literal de los textos bíblicos. Las que se quedaron escucharon varias entrevistas con atención y mantuvieron un interesante diálogo con los autores.
El 23 de febrero, mujeres y hombres de las Comunidades Cristianas de Masaya y líderes de varias Asociaciones de Pobladores de esta ciudad nicaragüense acudieron a la presentación de este “otro Dios” y escucharon ocho entrevistas. “Lo bueno hubiera sido –nos dijo al despedirse una mujer de la comunidad de El Cacao- que nos invitaran a un retiro de dos días seguidos para poder escuchar las cien entrevistas y reflexionarlas toditas, porque así nos iríamos claras, nítidas completamente”.
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El poéta Ernesto Cardenal se pronuncia |
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He leído el libro "Otro Dios es posible", y me ha gustado mucho, y también me ha divertido. Es un libro que provoca risas, pues está hecho con mucho humor. En él se usa la caricatura para exponer las deformaciones que en la Iglesia se han hecho de las enseñanzas de Jesús. Es un buen ataque al fundamentalismo religioso, tan predominante en nuestro pueblo (y en todos los pueblos). Fundamentalismo es creer literalmente todo en la religión, aun lo que es simbólico, o las fábulas, o las narraciones ficticias. Las personas más cultas o más ilustradas en su religión ya no son fundamentalistas, aunque todos lo hemos sido alguna vez, al menos cuando niños, y muchos en buena parte de nuestra vida. Hay pasajes en este libro que no me gusta como están presentados: la divinidad de Jesús, la eucaristía, y la resurrección. Pero la obra no ha sido hecha por mí, y no tengo por qué estar de acuerdo en todo lo que hay en ella. De todos modos, felicito a los autores.
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| Entrevista de puertabierta.ec |
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El libro y serie radiofónica "Otro Dios es posible" pronto se presentará oficialmente en Quito. Puertabierta.ec entrevistó a uno de sus autores: el comunicador José Ignacio López Vigil. Los hermanos María y José Ignacio López Vigil realizaron la producción radiofónica ?Otro Dios es posible. 100 entrevistas con Jesucristo en su segunda venida a la Tierra?. Obra polémica, en la que una periodista llamada Raquel Pérez, de Emisoras Latinas, mantiene un diálogo con Jesucristo en nuestra época. Este elemento ficticio se pierde cuando se ponen al descubierto varios mitos sobre la vida de Jesús de Nazaret, muchos de ellos provenientes de los dogmas católicos.
¿Cuánto tiempo le llevó realizar este libro? En cuanto al origen de este libro, mi hermana María y yo, ya hace algunos años, imagínate, en 1980, grabamos una serie de radio llamada Un tal Jesús. Esta serie, que es mucho más compleja radiofónicamente, tiene un elenco mucho más amplio, trataba de ubicar al Jesús de la historia, porque siempre nos han presentado el Cristo de la fe, una serie de dogmas y definiciones, pero, poco nos hablaron de qué comía Jesús, dónde vivía, cómo eran las casas en las que dormía, cómo era su país, su ambiente, sus amigos, su lengua, su entorno. Entonces, una de las cosas principales que queríamos en aquella primera serie radiofónica, era darle carne y sangre a Jesús de Nazaret, que fue un personaje vital, amiguero, entrador, revolucionario, desprejuiciado, sumamente atractivo. Todo lo contrario a lo que nos han presentado, no sólo en la Teología, sino en las películas de cine, donde siempre el más pesado es Jesús, porque camina así (gestos de altura), no pisa el suelo, nunca ríe, siempre está embelesado, y Jesús fue exactamente todo lo contrario. Yo recuerdo, cuando era muchacho, que me iba a ver esas películas de Semana Santa, y siempre el más pesado que me caía era el que hacía de Jesús. Porque era un hombre falso, era un diosito disfrazado de hombre, y Jesús fue un hombre, eso es lo que hay que afirmar sustancialmente. Pero eso fue en Un tal Jesús, una serie que se escribió al calor de la Teología de la Liberación, cuando la iglesia estaba realmente comprometiéndose con la lucha de los pobres. Después vino el Papa Juan Pablo II, que se ocupó, como una tarea personal, de aplastar las comunidades de base, a los obispos progresistas, a la Teología de la Liberación, haciendo un daño infinito al proceso de los pobres y las pobres de América Latina. El daño que hizo Juan Pablo II contra la iglesia latinoamericana es incalculable. ¿En qué se tradujo ese daño? Despidiendo a los obispos progresistas, instalando obispos del Opus Dei, obispos de las sectas católicas más reaccionarias, ocupando los seminarios y las casa de formación poniendo en ellos los profesores más reaccionarios, censurando a los mejores teólogos, aplastando a las comunidades de base, y en cuanto a radio se refiere, por ejemplo, la serie Un tal Jesús fue censurada por el Vaticano, y no sólo eso, sino aplastada la productora de radio que se llamaba SERPAL, Servicio Radiofónico para América Latina. Cambiaron los tiempos, pasaron muchos años y se instaló en la iglesia, especialmente católica, un fundamentalismo -hasta el día de hoy- presidido por el actual Papa, que no es más que un gran inquisidor -eso fue lo que hizo toda la vida- que se ocupó de darle continuidad a ese fundamentalismo de Juan Pablo II. En ese contexto, nace esta segunda serie de radio, que lo llamamos Otro Dios es posible, ¿por qué?, porque pensamos que era necesario -en estos tiempos de mentiras, de fundamentalismos, de una involución de la iglesia católica- decir unas cuantas verdades que los teólogos y los sacerdotes las saben, pero no las dicen y quisimos hacerlo con una ficción literaria: de que Jesucristo regresa a la tierra después de dos mil años -como siempre dicen que viene, viene, y nunca viene (risas). Entonces lo hicimos venir -radiofónicamente- como siempre fue él, como uno de tantos, como una persona sencilla, tranquila, revolucionaria, pero profundamente humilde. Y como viene así nomás, nadie le para bola, y una periodista Raquel Pérez de Emisoras Latinas- se cruza con él por casualidad en Jerusalén y comienza a entrevistarlo. ¿Cómo surgió la idea de traer a Jesucristo en esta época y entrevistarlo? Primero habíamos pensado con mi hermana María hacer una especie como de consultorio religioso, que la gente llamara e hiciera sus consultas: como si el diablo existe, sobre si en el infierno queman gente, sobre si el aborto es un pecado tan terrible como dicen ahora, etc. Pero llegamos a la conclusión que eso era aburrido, y luego se nos ocurrió pícaramente: aquí, al que hay que traer para que hable directamente es a Jesucristo?. Y como la segunda venida, -como digo-nunca se da, dijimos pues, bueno, hagámoslo venir (risas). Traemos a Jesucristo, pero ¿qué hacemos con él?, hay que entrevistarlo, y hay que preguntarle sobre todo lo que han dicho y todo lo que han puesto en boca de él en dos mil años. Qué ha pasado en un tiempo y una distancia tan larga, qué han dicho de Jesucristo los que dicen ser representantes de él: pastores, sacerdotes, obispos, cardenales, papas, y demás jerarquías. Entonces, bueno, tenemos bastante información. Tanto mi hermana María como yo hemos estudiando años y años de Biblia, años y años de Teología. ¿Dentro de sus investigaciones viajaron a Jerusalén? Tres veces visitamos Israel. Conocemos palmo a palmo todos los lugares que vivió Jesús. Bueno, yo tengo Licenciatura en Teología Bíblica, mi hermana igual, tenemos bastante información sobre las cosas que hablamos. No son cosas infundadas. Inclusive, lo que hemos hecho por cada capítulo, es que en el libro se ponen los libretos, pero en el CD adjunto va toda la explicación, toda la documentación, toda la fundamentación arqueológica, teológica, cultural, bíblica, etc, que apoya las diferentes afirmaciones que hacen en el programa, para que vean que no es una cosa imaginaria, o inventada. Obviamente hay cosas sobre las que hay diferentes opiniones. Pero me atrevo a decir que cualquier investigador serio, cualquier investigador que sepa de Biblia, sabe que lo que se dice ahí es verdad. Pueden haber diferentes apreciaciones sobre lo referido a la Resurrección de Jesús -tema más complicado de tratar- pero sobre lo que se dice, sobre los llamados Dogmas de la Iglesia Católica, cualquier estudioso sabe cómo se inventó el dogma de la Virginidad de María, cómo se inventó el dogma de la doble personalidad de Jesucristo, cómo se inventó el dogma de la famosa Santísima Trinidad, cualquier investigador sabe eso, pero no lo dice, porque de alguna manera todo está bien montado, este aparato jerárquico eclesiástico muy rentable, muy bien montadito, que permite mantener a sectores muy amplios de la población, concretamente latinoamericana, bajo el miedo y la culpa. Y claro, cuando tú tienes a la gente bajo el miedo, la culpa, es muy fácil pedirles limosnas, es muy fácil controlarlos, es muy fácil tomarles el pelo, cosas que lamentablemente las jerarquías de la iglesia católica -y de otras iglesias también- han hecho y siguen haciendo. ¿Qué significa el título del libro, qué quieren mostrar con Otro Dios es posible? Nos han presentado durante milenios, por lo menos dos, un Dios castigador, y Dios es Padre, es Madre. Nos han presentado a un Dios verdugo peor que Pinochet (porque Pinochet mataba a los enemigos políticos, él no mataba a sus propios hijos), y resulta que el Dios que nos presentaron cocinaba vivos, como a pollo broster, a sus hijos y a sus hijas. Nos presentaron a un Dios malhumorado, siempre buscando el pecado, siempre culpabilizando, un Dios absolutamente antipático. Aunque hablan de que Dios es amor, pero la completan con que es un Dios castigador, ejecutor de la gente. Nos presentaron a un Dios celoso de otros Dioses, un Dios que no tolera que la gente piense diferente o que tenga otras aproximaciones religiosas. Y Jesús dijo: en la casa de Dios hay mucho espacio, las puertas están abiertas, hay un sitio para todo el mundo. Pero el Dios que nos presentaron es un Dios intolerante. Y fíjate, nos presentaron a un Dios varón, y eso tal vez es más terrible, un Dios misógino, un Dios excluyente de las mujeres. Dios no es varón, ni es mujer, no cabe ninguna palabra. De Dios, qué podemos decir, si somos hormiguitas en un universo de trillones de galaxias. De Dios no tenemos palabra para decir, sin embargo, Dios no tiene sexo, pero sí tiene género, es decir, una construcción cultural de Dios como varón, y eso es terrible, porque cuando Dios es visto como varón, los varones nos vemos como Dioses, nos consideramos reyes del mundo, dueños de la mujeres, podemos aplastarlas, maltratarlas. El machismo tiene un origen cultural y profundamente religioso, y en la Biblia hay páginas horrendas y perversas que justifican ese machismo. Ese Dios varón tiene que ser destrozado, pulverizado, para recuperar el rostro femenino de Dios. ¿Eso implica que ya estaba establecido ese rostro femenino de Dios? Ese rostro femenino fue el mismo que acompañó a nuestros antepasados durante milenios y milenios. Cuando nuestros ancestros salieron de África siempre vieron la divinidad con rostro de mujer, porque como ella es la que da a luz, se imaginaban una divinidad superior que les daba a luz a ellos, que hacía fértil la tierra, que hacía fértil a los animales, que les daba la vida. Ese rostro femenino de Dios acompañó durante milenios a nuestros antepasados hasta que llegó la Agricultura, con ello llegan los excedentes, con ello la ambición, y con la ambición llega la guerra. La guerra es un invento masculino para apoderarse de los excedentes de otras comunidades, de otros pueblos. Y para justificar la guerra masculina necesitaban Dioses masculinos. En Mesopotamia, en Egipto, en Israel, en el Mundo Andino también fueron suplantadas las divinidades femeninas por dioses masculinos. El Dios de la Biblia, el Dios Jehová, es un Dios masculino, guerrero, militar, que ordena degollar al que esté en contra de él. Eso es evidente en el Antiguo Testamento, en el Nuevo ¿cómo explica el papel de Jesucristo? Jesucristo rompió con todo eso, precisamente, la novedad de Jesús es que compara dos veces a Dios con una mujer, cosa insólita para ese tiempo: lo compara con una panadera, lo compara con una vecina que perdió unos aretes que se puso triste y después se puso contenta, eso era insólito en aquel tiempo. Jesús no sólo hace eso, sino que se relaciona con las mujeres de igual a igual. Nunca habla de Adán y Eva y del pecado original, nunca habla del aborto, nunca condena a la mujer. La única vez que tratan de hacerle condenar a una mujer, les dice: el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra?. Jesús fue un gran defensor de la mujer, y hasta me atrevo a decir que la sensibilidad de Jesús es una sensibilidad femenina. Eso explica lo que sería la fe cristiana, su origen proviene de mujeres, fueron ellas las que resucitaron a Jesús, las que dieron el primer mensaje de que estaba vivo. María Magdalena, María, la madre de Jesús, Susana, Martha, la otra María de Betania, son aquel grupo de mujeres el que gestó, realmente, el que resucitó el mensaje de Jesús, y el que gestó lo que llamamos hoy fe cristiana. Después vinieron unos cuantos varones para variar, se apoderaron del movimiento y lo masculinizaron e hicieron lo que tenemos hasta ahora, una iglesia machista, misógina, una iglesia que no entiende a la mujer y no puede entenderla porque sigue viendo a Dios con rostro de varón. ¿Y cómo es eso de que la madre de Jesús era una mujer guerrera? María era una gran luchadora, peleadora incluso. María, la mamá de Jesús era tan peleona, como buena campesina de Galilea que son muy hechadas pa lante, que hay textos en el evangelio de Marcos, el más antiguo, donde María se emputa con su hijo, porque el hijo anda predicando por Cafarnaum, y con sus otros parientes lo va a buscar con sogas para amarrarlo y manda a decir ?traigan a mi hijo?. María estaba muy molesta con el carácter revolucionario de Jesús; después cambió, entró al movimiento, pero en el inicio, María, como buena mamá, lo que quería era que su hijo se casara y le diera hijos y nietos. Cuando se da cuenta de cómo va avanzando, María, que era una gran luchadora, entra al movimiento de su hijo y llega hasta el final. Fíjate que, en boca de María, Lucas le pone una oración, que más que oración parece proclama revolucionaria, se trata del famoso Magníficat, en el que dice ¿Dios echará abajo a los poderosos y levantará a los humildes, a los pobres les dará de comer y los llenará de bienes y a los ricos los dejará con las manos vacías?. Esa oración está en San Lucas, es una proclama revolucionaria y lo que pone Lucas en boca de la mamá de Jesús. Es muy impactante en la obra el debate entre Jesucristo y el Papa Claro, fíjate, ¿cómo puede ser posible que un hombre disfrazado de oro, de oropeles, con coronas, con capisayo, diga ser representante de Jesús de Nazaret?,¿quién fue un campesino pobre, que decía? yo no tengo ni una piedra donde reclinar la cabeza?, un hombre luchador, entregado al pueblo pobre -pobre no porque se hizo pobre, sino porque él era un campesino pobre que luchó por los pobres- ¿Cómo va a ser que un hombre lleno de lujos, disfrazado con los atuendos del emperador de Roma (porque todas esas capitas que el Papa Fashion de ahora estrena, los zapatitos rojos y todas esas ridiculeces que hace son herencia del Emperador de Roma) va a representar a Jesús de Nazaret?, por favor. Jesús de Nazaret se encuentra en los pobres de este mundo, en los campesinos, en las campesinas, en las mujeres que venden papitas, allí es donde está el verdadero rostro de Jesús de Nazaret, no hay más lugar donde encontrarlo que en los pobres y en las pobres de este pueblo. ¿Desde que se ha presentado su obra qué reacciones ha tenido del público? Reacciones bien chéveres, de algunos obispos por ejemplo, como las de Pedro Casaldáliga (quien creo que es el obispo más comprometido con el evangelio, me atrevo a decir de los que tenemos vivo en Latinoamérica, porque a los otros los mataron), quien nos ha lanzado unos piropos lindos que están en la contratapa del libro. Tenemos una carta linda que nos mandó Ernesto Cardenal de Nicaragua. Incluso, un gran investigador tan serio como Pepe Rodríguez de España, hace algunos días recibimos una carta de él felicitándonos. Algunos sacerdotes sencillos, algunos curas que entienden que el evangelio va mucho más allá de lo que se da en llamar sacerdocio, nos han felicitado. Por supuesto que no faltan los insultos, cada vez que yo abro el correo electrónico recibo maldiciones, cosas como ?te vas a ir al infierno?, ?te estás burlando de la palabra de Dios?. Pero eso es natural y además eso es bueno, porque eso indica que la piedra dio en el ojo, eso quiere decir que hay muchas hojas secas en el árbol al que hay que sacudirlo, y hay quien decía ¿arrancarlo desde la raíz? ¿Cuándo Juan el Bautista comenzó a predicar hace dos mil años lo criticaban y él decía ?hay que poner el hacha en la raíz, porque ese árbol está podrido? La iglesia jerárquica católica está podrida, es un árbol podrido, no las comunidades, no la gente buena, no los cristianos y cristianas, es bueno mantener al Dios vivo y de esperanza. Pero esos jerarcas disfrazados, llenos de poder, llenos de dinero, muchos de ellos pedófilos, muchos de ellos cómplices de los pedófilos, muchos de ellos acumulando poder, títulos, y exigiendo que los llamen su excelencia, su reverencia y su eminencia, son un árbol podrido, y si este libro contribuye a cortarle una de las raíces, nos sentiríamos mi hermana María y yo muy contentos. Precisamente nos han llamado ateos, agentes de Satanás, pero quien te habla es profundamente creyente en Dios, pero en otro Dios, no en el que predican. ¿Cómo es su Dios, cómo lo describe? Con rostro de mujer, con rostro de madre, alegre, nunca castigadora, siempre comprensiva, por ejemplo, el tema del aborto, nunca existirá una madre de verdad que no comprenda a otra madre una situación tan difícil, sin embargo los que sentencian contra las mujeres son todos varones que si ellos se embarazaran, tendrían seguramente otra opinión. El Dios en el que creo es un Dios con rostro de mujer: alegre, comprensiva, siempre tolerante, siempre dispuesta a abrazar, llena de ternura. Un Dios que rechaza absolutamente el poder del dinero, la opresión y a estos sinvergüenzas. Y un Dios tan sencillo como fue Jesús de Nazaret, por eso, cuando decimos que Jesús es el mejor reflejo de Dios es verdad. Jesús de Nazaret en su humildad, en su sencillez, en su lucha por la justicia nos presenta la mejor cara de ese Dios que es madre y padre al mismo tiempo. ¿Qué se viene a futuro con el libro? Hay que presentarlo en Quito. Lo estamos reeditando en Nicaragua, en el Salvador, queremos hacer lo mismo en Paraguay. Queremos hacer mucho ruido con ese libro, el mayor ruido posible, para que muchos hermanos y hermanas que han sentido el miedo y la culpa, rompan con eso y se sientan libres con la verdad de Jesús de Nazaret. Y otros que se indignen, que se molesten, porque es una manera de sacarles las máscaras con las que ellos han asustado a los demás, ellos eran los diablos, ellos eran los que asustaban, y ahora el pueblo les arranca la máscara y les hace ver que Dios es muchísimo más grande que ese Dios mezquino y castigador que nos predicaron.
¿Quiénes son María y José Ignacio López Vigil? María López Vigil es periodista y escritora de literatura testimonial y literatura infantil. Vive en Managua, trabaja como jefa de redacción de la revista Envío de la Universidad Centroamericana. José Ignacio López Vigil es comunicador y capacitador radiofónico. Fue sacerdote jesuita, estudió teología bíblica. Coordina el centro Radialistas Apasionadas y Apasionados, con sede en Quito. En Otro Dios es posible, la periodista Raquel Pérez es interpretada por la actriz peruana Blanca Ramírez y en el papel de Jesucristo está el nicaragüense Otto de la Rocha. Como actores secundarios intervienen Carlos Romero, Dante Casanova, Rosario Gamarra, Rocío Ántero, Alverik García, Rigoberto Porras, Joseba Aguilar, Susana Arroyo, Jorge Lins Torres, Usha Junge, Adalberto Muzzi, Amalia Santamaría, Jesse Hardman, Eliana Cumpa, Dante Lazcano, Jean Jacques Hefti, Bart Tilkin, Sofía Zambrano, Oskar Ciccione y Rosa Mary Romeiro Da Silva. En los controles técnicos, grabación, edición digital, diseño y programación web, Santiago García Gago. Música original de Jean Jacques Hefti. Redacción: puertabierta.ec
puertabierta.ec
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Teofilo Cabestrero, teólogo claretiano, con Otro Dios |
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Vuestro "Otro Dios" no sólo es posible sino necesario y real en Jesús, en el Dios de Jesús. Así lo veo en vuestros guiones, que a mí me gusta llamarlos "la segunda venida del tal Jesús". En vuestra idea y realización veo genialidades. Me he reído con bastantes cosas, sobre todo de las reacciones y frases de Jesús. Pienso también que os habéis liado la manta a la cabeza y habéis dicho: "caiga quien caiga y lo que caiga"... ¡Si os pillan los nuevos inquisidores!... Sirve de test para ver el abismo que separa al cristianismo que tenemos montado del que brota de Jesús: en éste no hay nada de aquel... y en aquel nada de éste... Y veo que detrás de los guiones hay mucho estudio, habéis buscado, estudiado y recogido muchas cosas elocuentes y esclarecedoras de la historia...
Teofilo Cabestrero. Teólogo claretiano. PANAMÁ.
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Los teólogos José Argüello y Fernando Cardenal contra Otro Dios |
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 Aproximaciones a “Otro Dios es posible” de José Ignacio y María López Vigil Otro Dios es posible:100 entrevistas con Jesucristoen su segunda venida a la Tierra. 2007, Quito, Ecuador. http//www.emisoraslatinas.net
Por José Argüello y Fernando Cardenal S.J.
I. La Resurrección: encuentro y memoria Hemos leído Otro Dios es posible: 100 entrevistas con Jesucristo en su segunda venida a la tierra. Valoramos sus aciertos, de los cuales tal vez el más importante de todos sea su intención de presentarnos un Jesús humano. Una de las mayores paradojas del cristianismo consiste en que, aunque ya el Concilio de Calcedonia (451 d.C.) rechazó la visión teológica de Cristo como un Dios disfrazado de humano, cuya divinidad absorbía completamente su humanidad, tal visión, no obstante, sigue aún viva en la mente y los corazones de muchos cristianos. Aún hoy en día, descubrir la plena humanidad de Cristo es algo que conmociona: escuchar que Jesús lloró, sufrió hambre y sed y las angustias de nuestra condición humana. Quizás radique ahí el atractivo del libro que ahora vamos a examinar, sobre todo para personas que, por causas diversas, se han distanciado del cristianismo o de la Iglesia y que vienen ahora a descubrir con fascinaciónel rostro humano de Jesús, el moreno de Nazaret.Cautiva también en esta obra su mensaje de justicia social y su crítica eclesial desde unapostura feminista. A quienes hoy cuesta descubrir el rostro materno de Dios en las pesadasestructuras patriarcales de nuestra Iglesia católica, atrae el mensaje radical de esta obra. Através suyo experimentan una especie de sacudida liberadora –una verdadera catarsis- frentea planteamientos que consideran rígidos o sofocantes. Existen incluso ateos o indiferentes quese declaran “evangelizados” por estos guiones radiales, pues en contacto con ellos por primeravez atisban en sí mismos su propia veta religiosa. ¡Nuestra enhorabuena para ellos! y ojaláprosigan todavía más a fondo en su búsqueda del rostro fascinante de Cristo, yendo a laspropias fuentes que son los cuatro Evangelios y demás escritos del Nuevo Testamento. Los autores transmiten con eficacia su mensaje, utilizando el medio de comunicación más popular de América Latina, que es la radio. Sus programas se difunden actualmente a través de internet y por una red continental de radioemisoras populares. Sin negar los aspectos positivos que tiene esta obra al plantear asuntos de candente actualidad, ni sus aciertos cuando destaca facetas incisivas talvez muy poco conocidas del mensaje bíblico, o critica deformaciones de la fe cristiana, queremos ir más a fondo en su análisis y medirla ahora con las propias fuentes de la fe cristiana. Porque quien supuestamente habla a través suyo es Jesucristo en su segunda venida a la tierra, entrevistado por la periodista Raquel Pérez, de Emisoras Latinas, y que se nos presenta a sí mismo como un tal Jesús. Contraponer el Jesús histórico al Cristo de la fe Durante nuestra lectura de estos guiones radiales descubrimos que ésta es la tesis central de Otro Dios es posible: intentar contraponer el Jesús histórico (siempre una reconstrucción arriesgada de los estudiosos) al Cristo de la fe. Estos programas radiales cuestionan el testimonio unánime de todo el Nuevo Testamento acerca de Jesús el Cristo, reemplazándolo por un tal Jesús que no es ni Salvador, ni Mesías, ni Hijo de Dios, sino simplemente un hombre equiparable en todo a cualquiera de nosotros, incluso en el pecado (p. 57: “Yo soy...uno de tantos, uno más”; p. 128: “Yo también pequé, Raquel. Yo ofendí a Dios”; p. 197 : “Pero Caifás le preguntó si usted era el Hijo de Dios. Y usted también dijo que sí –Claro, Raquel, todos somos hijos de Dios. Tú también eres hija de Dios. Todos tus oyentes”; p. 56: “Yo fui salvado por Dios igual que tú y que todos. Dios es el único que salva”). ¿Un mesias colectivo, en vez de Jesús el Mesías? A Jesús de Nazaret se le despoja en estos programas radiales de todos sus atributos mesiánicos. Su relación única, irrepetible, incomparable y absolutamente intransferible con Dios, se diluye en un vago y ambiguo mesianismo colectivo: “Algunos fueron descubriendo que el Cristo, el Mesías tanto tiempo esperado tal vez no era una persona, sino muchas, muchísimos -¿Un mesías colectivo? –Sí, el pueblo...El Mesías no vino, como piensan algunos, ni vendrá, como esperan otros” (p. 300). Tornando explícitas las veladas alusiones contenidas en esta última frase, los autores también podrían haber dicho sin ambages: el Mesías no vino, como piensan los cristianos, ni vendrá, como esperan los judíos. ¿Dónde entonces se sitúan ellos mismos? ¿acaso fuera de toda la Revelación bíblica? Lúcidamente advirtió hace ya muchos años el gran teólogo protestante Jürgen Moltmann: “No hay ninguna alternativa entre Jesulogía y Cristología. Quien acá separa, destruye las bases del cristianismo y el fundamento de la libertad cristiana”. Y tal separación precisamente es la que se realizaría si aceptamos sustituir la Cristología por una Jesulogía, tal como parece hacer esta obra. Al Cristo de la fe contraponen ellos su tal Jesús, parcialmente inventado desde su propia imaginación, al margen de las fuentes bíblicas, como luego veremos. Ciertamente, en Latinoamérica suena muy seductor cuando escuchamos decir: El Mesías, el Cristo, son los pobres cuando fortalecen las rodillas, son las mujeres cuando levantan la cabeza. Un gran cuerpo que se pone en pie y resucita....-¿Usted es el Mesías, el Cristo o...? le pregunta la periodista a Jesús en la obra y éste responde: –Yo lo soy y tú y todos los hombres y las mujeres que luchan (p. 300-1). Pero nosotros nos preguntamos: ¿es realmente así? ¿Se deja el Cristo reducir y asimilar a una multitud que lucha y espera? ¿No hay también muchas sombras, además de luces, en quienes luchamos y esperamos? La opresión y el mal poseen raíces tan profundas en nuestras vidas y en nuestras sociedades, que, alegar que todos somos por igual el Cristo cuando luchamos y nos comprometemos por la liberación, equivale a incurrir en una nueva forma de pelagianismo (¡seríamos capaces de redimirnos a nosotros mismos!); equivale a negar ingenuamente la radicalidad del pecado y de las fuerzas opresoras del mal y la injusticia (¡también entre quienes luchamos o pretendemos luchar por el bien y la justicia!). Ningún colectivo que luche por la justicia social –ni partido, ni organización, ni red local o continental de CEBs, ni Iglesia alguna, ni siquiera todas las Iglesias juntas- podría jamás pretender reemplazar al Mesías, porque Cristo no tiene sustitutos. Nuestra mayor bienaventuranza como cristianos y cristianas consiste en poder contemplar el Rostro vivo de Dios en el de su Hijo Jesucristo (Lc 10, 22; 1 Jn 2, 23; 1 Jn 4,15) y ser miembros suyos en la fe y el seguimiento. Otro Dios...sin Cristo, ni Resurrección En Otro Dios es posible no sólo se reniega de la Cristología, sino que se escamotea consecuentemente también la Resurrección de Jesús, que es su fundamento (Rm 1, 4; Hch 2, 32-33.36). Sin Resurrección, el Señorío de Cristo sobre toda la Creación, incluyendo los billones y trillones de galaxias recientemente descubiertas por el telescopio Hubble, se diluye hasta desaparecer. Ya las epístolas de Colosenses y Efesios presentaban en el Nuevo Testamento una visión cósmica de Jesucristo, que en la antigüedad inspiró la Cristología de la recapitulación universal de San Ireneo y apenas recién fue descubierta para Occidente por Teilhard de Chardin. Los autores ponen en boca de Jesús una sorprendente explicación acerca de su Resurrección: “Fueron las mujeres las que rompieron el miedo...Sí, ellas me resucitaron...Yo estaba vivo en ellas” (pág. 306). “Es el espíritu el que resucita, no la carne. El polvo vuelve al polvo de donde vino. Y el espíritu renace en la comunidad” (p.307) ¡El acontecimiento principal de nuestra fe, reducido a una mera memoria subjetiva de las discípulas y las primeras comunidades! Después de su muerte, el Maestro habría sido apenas recordado con amor ¡nada más! La Resurrección de Jesús deja así de ser el acontecimiento escatológico que inicia la plenitud de la Creación, para tornarse un hecho casi doméstico: las comunidades lo recuerdan. A eso se reduce todo el acontecimiento central de la fe cristiana. ¿En qué se diferenciaría entonces un Maestro como Jesús de otro como Sócrates? ¡También Platón recordó con amor a su maestro, después que los atenienses lo ejecutaron! Esta interpretación contradice flagrantemente el testimonio unánime de los Evangelios, que narran cómo las mujeres, el domingo por la mañana, salieron para embalsamar el cadáver de Jesús, como último gesto de piedad hacia él. No tenían ninguna otra esperanza. Según Marcos, su preocupación principal era apenas cómo iban a retirar la piedra de la entrada del sepulcro (Mc 15, 3). Tan sólo tras el encuentro inesperado con el ángel (que ejerce en el relato bíblico una función simbólica de intérprete de parte de Dios) reciben el mensaje que les trasciende y desborda: “No se asusten: buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí”. De acuerdo al primero y más antiguo de los Evangelios, “ellas salieron corriendo del sepulcro, asustadas y fuera de sí! (Mc 16, 6.8). En el Evangelio de Juan por otra parte se nos corrobora la misma perspectiva: las mujeres lloran junto al sepulcro y María Magdalena no puede reconocer a Jesús resucitado cuando se le aparece, sino hasta el momento conmovedor en que éste la llama por su nombre. En ambos casos, tanto en Marcos como en Juan, el anuncio pascual proviene de lo alto y se sobrepone al dolor y la desesperanza de las mujeres. Un Jesús que únicamente viviera a través de sus discípulas y por ellas, no habría resucitado. Tanto las discípulas como los apóstoles, eso sí, atestiguan la Resurrección de Cristo como evento escatológico que les trasciende por entero. Jesús se les manifestó vivo y fue visto y palpado por ellos y ellas y en ese encuentro radica la fe pascual; la tumba vacía no es en cambio más que un signo, aunque de ninguna manera el fundamento de la fe en el Resucitado. El Evangelio de Lucas así lo da a entender claramente, cuando expresa que las mujeres se sienten desconcertadas y Pedro extrañado o asombrado ante la tumba vacía, nada más (Lc 24, 4.12). Sin los encuentros personales con el Resucitado, la tumba vacía permanecería ambigua, permanecería...tan solo vacía, nada más. El Nuevo Testamento reconoce un único sujeto de la Resurrección de Jesús: “Dios, liberándolo de los rigores de la muerte, lo resucitó”, proclama el apóstol Pedro en su discurso de Pentecostés ante la multitud de Jerusalén. Y lo repite tres veces (Hch 2, 24.32; 4, 10). La exégesis actual ha confirmado que estos discursos iniciales de Hechos de los Apóstoles recogen el kerigma apostólico primigenio. Si supusiéramos válida por un instante la hipótesis planteada en esta obra, de que fueron las discípulas quienes por su fe y amor “resucitaron” al Maestro: ¿cómo nos explicarían el testimonio de Pablo acerca de la Resurrección? En 1 Co 15 poseemos el testimonio más antiguo de la Resurrección de todo el Nuevo Testamento. Siendo Saulo de Tarso encarnizado enemigo y perseguidor de la Iglesia, ¿de dónde se extraería éste la fe y el amor necesarios para generarse su propia conciencia de la Resurrección? El apóstol mismo (que según los autores ”¡tanto se enredaba hablando de Cristo y de Dios!” -p.68) la remite en cambio a un hecho que le sobrepasó por entero: vió a Jesús resucitado (1 Co 9,1; 15,8; Hch 26, 15-16), el Señor se le manifestó vivo y le llamó a su seguimiento. “La Resurrección de Cristo –ha señalado justamente el teólogo afroamericano James Conees la manifestación de que la opresión no derrota a Dios sino que Dios la transforma en posibilidad de libertad”. Sin ella los procesos de liberación se abocan al vacío y las víctimas de la historia, al olvido y la desesperanza. Y toda vida humana, por valiosa y justa que haya sido, se hunde en el abismo de la nada y del absurdo (cf. 1 Cor 15, 13-19). “La fe de los cristianos es la Resurrección de Cristo” sostenía por eso sabiamente San Agustín (cf. Rm 10,9). A resurrección light...milagros light Dado que la obra escamotea el milagro central y fundamental de nuestra fe, que es la Resurrección, ¿a qué sorprendernos si también diluye los milagros del Jesús histórico con explicaciones racionalistas? Los milagros del tal Jesús son de carácter light. ¡Fueron las bromas de Jesús las que curaron a la suegra de Pedro! (p. 106) ¡Lejos de la obra establecer un vínculo entre el Jesús que da de comer a las multitudes en los Evangelios y el Dios del Antiguo Testamento que sacia a su pueblo en pleno desierto; eso sería llevar las cosas demasiado lejos para el tal Jesús! Y precisamente, los pobres de Latinoamérica son quienes más elocuentemente podrían darnos hoy testimonio vivo sobre milagros en el verdadero sentido bíblico, como experiencias maravillosas del Dios que rescata, libera, sana y da vida; experiencias que el pueblo percibe desde una fe profunda, más allá de toda posible objetivación. Juan el Bautista ciertamente invitó a compartir y sin embargo no hizo milagros; Jesús por el contrario acompañó su predicación “con milagros, prodigios y señales que Dios realizó por su medio”, tal y como atestigua el kerigma apostólico primigenio (Hch 2, 22). “De él salía una fuerza que sanaba a todos” (Lc 6, 19) II. La Eucaristía: sacramento de la solidaridad El tal Jesús que protagoniza estos programas radiales sostiene que beber sacramentalmente la sangre de Cristo “es una cosa horrenda” (p.203), que en aquella noche del jueves santo Jesús de Nazaret no instituyó ningún sacramento ni consagró nada (p. 203), que ciertamente “en una piedra está Dios”, pero Cristo no está ni en el pan ni en el vino consagrados, porque ello implicaría “un dios de abracadabra y un truco” al que no puede prestarse el Otro Dios posible que preconizan estos autores (p.202 y 206). Con la mirada de la fe Desde un principio las primeras comunidades cristianas tuvieron plena conciencia de que Cristo resucitado se manifestaba en medio de ellas al partir el pan. El Evangelio de Lucas, en el relato de Emaús, emplea fórmulas litúrgicas propias de la celebración eucarística: “...y mientras estaba con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista” (Lc 24, 30-31). Jesús hizo primero arder con su palabra el corazón de los discípulos, despertándoles la fe; sólo entonces lo reconocieron al partir el pan. La nueva mirada de fe suscitada por la palabra de Cristo les hizo capaces de ver más allá de las apariencias y de reconocerlo. Sin fe, nos resulta imposible descubrir al Señor en el sacramento. La comunidad creyente siempre ha nutrido su fe, su amor y su esperanza, a la mesa del pan y de la Palabra; allí ha extraído fuerzas en medio de las persecuciones; allí se renueva al flaquear en medio de la rutina y de las dificultades diarias. Cristo presente en el pan y el vino “El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan y, después de dar gracias, lo partió diciendo: “Esto es mi cuerpo que se da por ustedes; hagan esto en memoria mía”. Después de cenar, hizo lo mismo con la copa diciendo: “Esta es la nueva alianza en mi sangre. Cuantas veces la beban, háganlo en memoria mía” (1 Cor 11, 23b-25). A través del pan y del vino eucarísticos participamos en la muerte y resurrección del Señor Jesús y nos unimos a Él. Al decir “Este es mi cuerpo”, Jesús no se refería únicamente a su cuerpo físico, de carne y hueso, sino a la totalidad de su persona, traslucida y manifestada en su cuerpo, según la mentalidad hebrea. Es su persona entera, ofrecida en la Cruz y ahora gloriosa por su Resurrección, la que se hace presente en el pan partido y compartido -como su vida misma, partida por el sacrificio y compartida en la entrega. Al pronunciar Jesús sobre la copa sus palabras: “Esta es la nueva alianza en mi sangre”, de nuevo nos da a entender que se trata de la entrega de su vida. Esta ahora se hace presente en el vino, pues la sangre, según Lv 17,11, era la vida misma de un ser mortal. Todavía hoy, cuando expresamos que alguien derramó su sangre por una causa, en realidad estamos dando a entender que donó su vida. Asimismo, bebiendo la sangre de Cristo, asimilamos entonces su propia vida, generosamente dispuesta al sacrificio. Beber de la copa de Jesús significa por consiguiente sellar con él una comunión de vida y de destino; significa comprometerse a implementar su mismo proyecto. Cuando los hijos de Zebedeo le pidieron a Jesús los primeros puestos en su Reino, les preguntó si estaban dispuestos a beber la copa (Mc 10, 38). ¡Ahí vemos el sentido que tiene recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo! No es otra cosa sino sellar una alianza de sangre, o sea, de vida entregada y compartida, con Jesús. Diversas explicaciones, un mismo misterio Los diversos modelos racionales que los teólogos han desarrollado para intentar penetrar este misterio de fe, varían según las épocas y tradiciones eclesiales; sin embargo, nos sitúan unánimemente ante una realidad que sobrepasa nuestra inteligencia. El pequeño catecismo para adultos publicado por las Iglesias Luteranas de Alemania, en ese mismo sentido afirma: “En la noche en que fue traicionado instituyó Jesús la Eucaristía según los relatos del Nuevo Testamento. Por más diferentes que sean las formas en que se haya desarrollado la Eucaristía en la cristiandad, las llamadas palabras de consagración son su base común...El cómo de la presencia de Cristo (en el sacramento) puede permanecer misterio inexplicable, mientras se afirme que: en, con y bajo pan y vino se nos obsequia Cristo corporalmente”.
Católicos, ortodoxos, luteranos y anglicanos compartimos hoy –por encima de las diferentes eclesiologías- la fe que Cristo se hace presente en el pan y el vino consagrados. Ser solidarios y compartir Las primeras comunidades entendieron muy bien que era imposible compartir la mesa eucarística y testimoniar la Vida nueva del Resucitado, sin compartir generosamente los propios bienes económicos, para que nadie pasara necesidad: “Nadie consideraba como suyo lo que poseía, sino que todo lo tenían en común”; “no había entre ellos ningún necesitado” (Hch 4, 32- 34). “Busquen la igualdad”, exhorta el apóstol Pablo a los Corintios (2 Cor 8, 13). Por tanto, la Eucaristía intrínsicamente se orienta hacia la justicia, hacia la construcción de un orden económico y social distinto del que tenemos, sin exclusiones. El Cristo que dio de comer a las multitudes, nos invita también hoy a la conversión hacia los empobrecidos. El pan que se parte en el sacramento, debe llevar al pan compartido de la solidaridad. San Pablo reprochó a los corintios por convertir la Cena del señor en ocasión de exhibir sus propias desigualdades sociales. “La reunión de ustedes ya no es la Cena del Señor”, advirtió el apóstol a quienes avergonzaban a los pobres comiendo y bebiendo, mientras otros de su misma comunidad pasaban hambre (1 Cor 11, 20-22). San Juan Crisóstomo, a la par de otros Padres de la Iglesia, con apasionadas palabras estableció un vínculo entre justicia social y Eucaristía: ¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecies, pues, cuando lo encuentres desnudo en los pobres, ni lo honres aquí en el templo con lienzos de seda, si al salir lo abandonas en su frío y desnudez. Porque el mismo que dijo: “esto es mi cuerpo”, y con su palabra llevó a realidad lo que decía, afirmó también: “Tuve hambre y no me dieron de comer”, y más adelante: “Siempre que dejaron de hacerlo a uno de estos pequeñuelos, a mí en persona lo dejaron de hacer”. ¿De qué sirve adornar la mesa de Cristo con vasos de oro, si el mismo Cristo muere de hambre? Da primero de comer al hambriento, y luego, con lo que te sobre, adornarás la mesa de Cristo.” Compartiendo el pan y la mesa con pobres y pecadores, Jesús nos enseñó que el Reino de Dios es como comer juntos, sin divisiones ni separaciones sociales. Como mesa compartida en la que Dios perdona las culpas y nos permite volver a comenzar de nuevo, es el Reino. La alegría festiva de comer y beber juntos es para Jesús la mejor expresión del Reino que proclama. La mesa compartida, sin barreras ni divisiones sociales, se transforma entonces en su símbolo preferido para expresar la verdad del Reino. Su mesa abierta y generosa, su compartir del pan con los marginados, manifiesta cómo y quién es el Dios del Reino: un Dios que acoge y comparte y nos enseña a acoger y compartir. La mesa fraterna de Jesús tiene que proyectarse a toda nuestra sociedad, de manera que impulsados por ella, construyamos un mundo donde las oportunidades y los bienes indispensables para vivir dignamente, estén al alcance de todas las personas. Tan solo creando un mundo que se asemeje a esa gran mesa abierta y compartida de Jesús, realizaríamos el sentido de sus comidas, cuya culminación fue la última cena, en la que él anticipó la entrega definitiva de su vida. ¡Qué lejos estamos de realizar en nuestras misas ese profundo significado de la Eucaristía! Los propios obispos latinoamericanos, en los documentos de Santo Domingo, reconocen que nuestras celebraciones litúrgicas aún son, para muchos católicos, “algo ritualista y privado, que no los hace conscientes de la presencia transformadora de Cristo y de su Espíritu, ni se traduce en un compromiso solidario para la transformación del mundo” (n. 43). Es necesario por tanto promover “una liturgia viva, participativa y con proyección a la vida” (n. 145). La Eucaristía, sacramento del amor y la entrega de Jesucristo, debe por tanto encarnarse aún más en nuestras vidas. Celebrando y recibiendo la Eucaristía, toda comunidad cristiana tendría que sentirse llamada a ofrendar su vida, conjuntamente con la de Cristo, a través del amor y del servicio. La presencia real de Cristo en el sacramento, tendría entonces la finalidad de transformar a los propios creyentes en presencia real de Cristo en el mundo y en la historia: “Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular es miembro de Él” (1 Cor 12, 27). La Eucaristía se volvería así fuente de fraternidad y generaría verdaderas comunidades eucarísticas. Vincular signo y significado sacramental En la obra Otro Dios es posible encontramos valiosas intuiciones acerca de la Eucaristía, apuntando en la misma dirección que acabamos de señalar. Escriben los autores: “Y en la comunidad, cuando ese pan y ese vino se comparten, cuando todo se pone en común, Dios se hace presente” (p. 206). Concordamos con esa afirmación, pero el problema es que luego desligan el signo sacramental de su significado, negando con ello la presencia de Cristo en la Eucaristía, con el fin de exaltar -fruto y flor sin raíces- a la comunidad que ama y comparte: “El milagro no está en el pan y en el vino. El milagro está en la comunidad” (p. 204). “La sustancia que tiene que cambiar no es la del pan, sino la del corazón. Un corazón nuevo, capaz de amar, de compartir” (p. 206). “Tampoco puedes encerrar a Dios en un templo, ni en un pedazo de pan ni en una copa de vino..” (p. 206). La Eucaristía jamás debe quedarse encerrada en el templo. Ahí coincidimos nuevamente. Sin embargo, pensamos que al reaccionar los autores contra una visión teológica estrecha de la Eucaristía, tal y como se cultivó en el catolicismo de la Contrarreforma (que tanto subrayó la presencia real, que llegó incluso a perder toda noción de comida fraterna y de comunidad eucarística), recaen ellos ahora en el extremo opuesto, oponiendo la comunidad solidaria y fraterna, al misterio eucarístico que la nutre y alimenta. III. ¿Corregir las Sagradas Escrituras? A la Palabra de Dios no le va mejor en estas entrevistas radiofónicas que al propio Jesucristo y el tal Jesús (su protagonista ficticio) alegremente la corrige o descarta según su conveniencia, como hemos visto ya en el caso de la Eucaristía, la Resurrección o la identidad mesiánica de Jesús. Según él habría que echar de una vez por todas “al arcón de la ropa vieja” (p. 188) la historia de Adán y Eva, porque es machista; los sabios del Talmud, en cambio, comentaban así ese mismo pasaje del Génesis: “La mujer salió de la costilla del hombre. No de los pies para ser pisoteada, ni de la cabeza para ser superior, sino del costado para ser igual; de debajo del brazo para ser protegida y al lado del corazón para ser amada”. El tal Jesús corrige los Evangelios y las Sagradas Escrituras A los propios evangelistas el tal Jesús presuntuosamente le corrige sus textos: si reportan que Jesús leyó el rollo de la Torá en la sinagoga de Nazaret o que escribió unas palabras con el dedo sobre la tierra frente a la mujer adúltera; ¡pues no!, absolutamente imposible, porque Jesús en realidad nunca aprendió a leer ni escribir y lo que escribió fueron palitos como los que escriben los presos en sus celdas (p.59). Se niega la evidencia, ofrecida por los evangelistas, respecto a que Jesús conocía bien a los Profetas, el Pentateuco y los Salmos, y que estaba imbuido de la gran tradición oral de su pueblo. ¿Argumento? “En la sinagoga nos enseñaban la Ley, pero la Ley está escrita en hebreo. Y nosotros hablábamos arameo” (p.58) –afirma el tal Jesús en el capítulo titulado ¿Jesús analfabeto?. Sin embargo, para entonces –según el rabino Stephen M. Wylen en su obra Los judíos en tiempos de Jesús- los maestros judíos llevaban ya cinco siglos explicando la Torá en arameo y existían incluso traducciones -que aún subsisten- de la Torá hebrea al arameo, los llamados targumín; existía además toda una rica y grande tradición oral en torno a ella. Los rabinos leían los textos bíblicos en las sinagogas sin limitarse a traducirlos al pie de la letra, sino que elaboraban sobre ellos comentándolos ampliamente en arameo. Esa fue la escuela donde se formó y educó Jesús. Otro erudito judío, David Flusser, a partir de un estudio detallado de las fuentes históricas, emite una opinión totalmente contraria a la de estos autores: “Jesús de ninguna manera era inculto. Él se sentía en casa tanto en las Sagradas Escrituras como en la tradición oral y podía operar libremente con esa enseñanza”. El tal Jesús, para citar otro ejemplo, absuelve alegremente a Judas, comentándole a Raquel, la periodista que lo entrevista: “Y te aseguro que su nombre también está escrito en el Libro de la Vida” (p. 266), sin parar mientes en que el Jesús de los Evangelios advirtió gravemente: “Ay de aquél por quien el Hijo del Hombre será entregado! Más le valdría a ese hombre no haber nacido” (Mt 26, 24; cf. Jn 17, 12b). ¡Claro, sería anticuado y hasta de mal gusto ponderar la posibilidad del infierno! (El tal Jesús –a diferencia del propio Jesús- ya se puso a la moda y cómodamente se deja arrastrar por la corriente). ¿Cómo interpretar entonces las parábolas del juicio final en Mt 25, 31-46 y la del rico epulón en Lc 16, 19-31? ¿Habría que borrarlas de la Escritura? “El infierno es la mayor de las mentiras, no existe ni existió nunca” (p.143) expresa rotundamente el tal Jesús. ¡Tema que fácilmente genera malentendidos para ser abordado aquí a la ligera! Escuchemos únicamente lo que en contraposición a tan rotundo simplismo afirma el teólogo Hans Küng, a quien los autores de Otro Dios es posible mencionan. Él escribe: “Las afirmaciones del Nuevo Testamento acerca del infierno no quieren ofrecer informaciones que satisfagan la curiosidad y la fantasía sobre un más allá. Lo que quieren es inculcar para el más acá la seriedad incondicional de la exigencia divina y la urgencia de la conversión del hombre aquí y ahora: ¡en esta vida se decide todo! Quien no presta oídos a la seriedad de las advertencias bíblicas respecto a la posibilidad de un fracaso eterno, se juzga a sí mismo. Quien ante la posibilidad de semejante fracaso esté por hundirse en la desesperación, puede alentar su esperanza refiriendo a sí mismo las afirmaciones del Nuevo Testamento acerca de la omnímoda misericordia de Dios”. Nos llevaría demasiado lejos refutar otras fantasías que en esta obra se divulgan como basadas en la propia Biblia; sus autores frecuentemente presentan al público como hechos sólidos y seguros, hipótesis exegéticas altamente discutibles entre los especialistas. Valga tan sólo un último ejemplo de contradicción frontal entre el testimonio de la Sagrada Escritura y sus planteamientos acerca de Jesús. Ellos postulan la pecaminosidad de Jesús, partiendo únicamente de presunciones y sustentándola en un grave vacío de información histórica: “Yo también pequé, Raquel. Yo ofendí a Dios. A pesar de saber desde niño que esto pasaba (que lapidaban a las mujeres), a pesar de haber conocido de cerca esta crueldad, nunca hice nada por detenerla. Pero aquel día, ante aquella mujer, Dios me abrió los ojos” (p. 128). En verdad, una actitud como la de Jesús ante la mujer adúltera en Jn 8, 1-11 tan sólo se explica como reflejo de una opción fundamental que ha madurado a lo largo de toda una vida y ha sido nutrida con gestos, acciones y palabras que conducen a un talante misericordioso, lleno de amor y bondad. De ninguna manera estamos ante la improvisación de un instante, sino ante el gesto paradigmático que sintetiza toda una vida. Y si algo caracterizó a Jesús de Nazaret fue precisamente su absoluta consecuencia y coherencia de vida. “No había pecado ni hubo engaño en su boca” (1 Pe 2, 22); “probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado” (Hbr 4, 15), él fue “el santo e inocente” (Hch 3, 14). ¿Pedagogía o terapia de schock? Quienes hayan leído Otro Dios es posible o escuchado sus programas radiofónicos, a este punto quizás se extrañen que no incluyamos como contradicciones entre la Escritura y sus planteamientos, ciertas afirmaciones que ahí se hacen acerca del nacimiento y la infancia de Jesús. Nos referimos a los capítulos que abordan historias tales como las de los Reyes Magos, los pastores de Belén o la huída a Egipto. La exégesis bíblica ha demostrado que estos relatos no deben tomarse al pie de la letra; pues no se trata de reportajes históricos; son más bien proclamaciones de fe acerca de Jesús, elaborados sobre textos del Antiguo Testamento, para proclamar su identidad como Mesías. Los autores lo saben. Sin embargo, nos perturba su abordaje de cara a personas sin formación bíblica (“Entonces ...¿el evangelista mintió?...¿Y no se le pasó la mano al evangelista Lucas?” –p. 23. “Entonces, ¿nada maravilloso? ¿Ni estrella ni ángeles ni reyes?” –p. 29). Podemos aquí observar cómo se hacen añicos las representaciones religiosas populares. Afirmaciones como éstas hieren, desconciertan, agreden. El conocimiento teológico es utilizado con frecuencia en esta obra para sembrar confusión y provocar perplejidad. Los autores son pedagogos que ponen un chuzo eléctrico al radioescucha, sin contemplaciones ni paliativos. Sueltan con frecuencia andanadas como estas: “Si no hay pecado original, ¿de qué vino a redimirnos Jesucristo? Se cae la cruz del Calvario. Y si se cae la cruz, no hay tumba vacía. Si no hay pecado original, ¿para qué bautizarse? Se cae el bautismo y las misas” –p. 191. Abundan razonamientos irreverentes como éste en el libro. La Trinidad, para citar otro caso, es descartada de un solo plumazo, como “enredos humanos” en vez de misterios divinos (p. 200). ¿Qué queda ahí del testimonio de la Escritura acerca del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo? “Consideramos –ha escrito Leonardo Boff- la concepción trinitaria de Dios revolucionaria para la sociedad, la Iglesia y la autocomprensión de la persona...La fe en la comunión trinitaria se puede convertir en una bandera de liberación integral y de principio promotor de los afanes de participación personal, social e histórica”. Una militante feminista que leyó el libro, no pudo menos de exclamar: “¿Entonces toda la catequesis que recibimos fue falsa? Para gente muy adulta y con formación, esto es violento. Si se tiene una fe muy fuerte, talvez se lo pasa. Si no: ¿cómo digerimos esto? ¿Cómo abordar estas cosas en una cultura marcada por la religión?” “Nuestro pueblo –expresó elocuentemente una destacada intelectual nicaragüense- es como un náufrago aferrado a un tablón, que son sus creencias religiosas; al escuchar los planteamientos de estos programas radiales, o lo suelta y se ahoga o se aferra aún más a él”. Opinamos que el abordaje de ciertos temas por estos programas radiales es tan absolutamente carente de todo tacto pastoral, que puede provocar un efecto boomerang y reforzar aún más el fundamentalismo en personas sin formación bíblica, que los escuchen sin acompañamiento pedagógico. Hoy por hoy estos programas se divulgan indiscriminadamente para todos los públicos en América Latina. En la recién fundada comunidad cristiana de Corinto a mediados del siglo primero surgió un problema pastoral que podría iluminarnos al respecto. Algunos cristianos, sabiendo que había un Dios creador y que no existían los ídolos, se atrevían a consumir carne de sacrificios idolátricos en las mesas de los templos paganos; otros, de conciencia más débil, se tambaleaban en su fe al imitar su ejemplo y consumirla, recayendo en los cultos paganos. ¿Qué hacer entonces? El apóstol Pablo se puso de parte de los de “conciencia débil” frente a los de “conciencia fuerte”: “Porque si alguien te ve a ti, que sabes como se debe obrar, sentado a la mesa en un templo pagano, ¿no se animará su conciencia débil a comer carne sacrificada a los ídolos? Y así, por tu conocimiento se pierde el débil, un hermano por quien Cristo murió. De ese modo, pecando contra los hermanos e hiriendo su conciencia débil, pecan contra Cristo. En conclusión, si un alimento escandaliza a mi hermano, no comeré jamás carne, para no escandalizar a mi hermano” (1 Cor 8, 10-13). Aplicándolo a nuestro caso: si por alardear de nuestros conocimientos teológicos, atropellamos las conciencias de los más débiles, induciéndoles a la confusión y la perplejidad, pecamos contra Cristo. “Pero si lo que tú comes hace sufrir a tu hermano, ya no obras de acuerdo con el amor. No destruyas por lo que comes a uno por quien Cristo murió. No den lugar que se hable mal de la libertad que ustedes tienen” (Rm 14, 15-16). Pablo VI exhortó en la misma línea al reflexionar acerca de la evangelización en el mundo contemporáneo, señalando oportunamente que, para comunicar el mensaje de Cristo, se requiere mucho amor: “El primer signo de ese amor es el respeto a la situación religiosa y espiritual de la persona que se evangeliza. Respeto a su ritmo, que no se puede forzar demasiado. Respeto a su conciencia y a sus convicciones que no hay que atropellar...Cuidado de no herir a los demás, sobre todo si son débiles en su fe, con afirmaciones que pueden ser claras para los iniciados, pero que pueden ser causa de perturbaciones o escándalos en los fieles, provocando una herida en sus almas...Hay que transmitir a los cristianos certezas sólidas basadas en la Palabra de Dios y no dudas o incertidumbres nacidas de una erudición mal asimilada” (EN 79) . IV. ¿Fundó Constantino la Iglesia Católica? Dejemos ahora el campo de la Sagrada Escritura y pasemos al de la historia eclesiástica. Lejos de nosotros cualquier afán apologético ante hechos vergonzosos que haya vivido la Iglesia como la Inquisición. Nos doblegamos ante la verdad histórica. Reconocemos con humildad que nuestra Iglesia, en muchos momentos de su historia, ha traicionado y crucificado de nuevo a su Señor. Exigimos veracidad y rigor históricos Sin embargo, en este libro encontramos falacias y errores históricos que no resisten un escrutinio crítico. Examinemos algunos de ellos respecto al Concilio de Nicea (325 d.C), según los autores “el tristemente célebre concilio de Nicea” y “una abominación” (p.230); se nos dice que lo convocó el emperador Constantino y que “el obispo de Roma, que andaba peleado con él, ni siquiera fue invitado” (p. 229); sin embargo, a la vez se afirma que en ese mismo concilio “Constantino declaró que todas las iglesias que no obedecieran a Roma eran herejes” – p.230; se dice que ahí nació la Iglesia católica, fundada por Constantino (p.226), quien definió en persona el dogma de la Santísima Trinidad y la divinidad de Jesucristo (p.230); que ahí se impuso el celibato obligatorio a los sacerdotes (p.212) ¡y que incluso el Credo que rezamos hoy los católicos todos los domingos procede de Constantino! Textualmente leemos: “El Credo que todavía hoy rezan en las iglesias no lo inspiró el Espíritu Santo, lo formuló Constantino” (p.230). Luego se detallan los crímenes horrendos del emperador, para subrayar aún más la radical ilegitimidad de la Iglesia que supuestamente fundó. Examinemos un poquito a fondo estas afirmaciones. Primera contradicción inherente al argumento: ¿cómo es eso de que no quiso invitar al Papa porque andaba peleado con él y que, sin embargo, en el concilio el emperador fundó la Iglesia católica para someter a Roma todas las demás sedes episcopales? ¿Suena esto lógico y convincente? Otra pregunta incisiva: ¿qué Iglesia representaban entonces esos 200 obispos que ahí se congregaron? ¿Eran o no eran católicos? ¿Y cómo es entonces que, por generación espontánea, de pronto surgirá aquí de la nada –por arte y magia de Constantino- la propia Iglesia católica? ¿No es esto absurdo? ¡Surgir de Constantino una Iglesia que ya en el siglo primero se había expandido por Asia Menor y Europa en virtud del sudor, las lágrimas, el testimonio y la predicación abrasadora del apóstol Pablo! ¡Una Iglesia que desde los tiempos de San Ireneo, a principios del siglo II, tenía en todas las provincias del imperio romano un mismo Credo, Escrituras Sagradas y ministerios comunes! ¡Una Iglesia cuya semilla fue la sangre de los mártires! La realidad es que el Papa sí fue invitado a Nicea y se hizo representar por dos presbíteros. La inmensa mayoría de los aproximadamente 200 obispos participantes procedía del Oriente. De Occidente tan sólo participaron, además de ambos delegados papales, el teólogo y obispo Osio de Córdoba –que presidió el Concilio- y el obispo Ceciliano de Cartago. Entre quienes asistieron había un buen número de confesores y mártires que se habían mantenido firmes ante los embates temibles de las persecuciones romanas: estaban ahí, por ejemplo, Pafnutio y Potamón de Egipto, ambos tuertos por Jesucristo; Pablo de Nueva Cesarea, cuyas manos paralizadas evocaban el hierro candente con que había sido martirizado; participaban pastores insignes, santos, anacoretas, teólogos...y, como contrapunto, también el heresiarca Arrio y sus escasos 17 adeptos. Sobre un trono situado en el centro de la asamblea presidía el concilio una copia de los cuatro Evangelios, elocuente señal de que era Jesucristo –por encima del emperador- quien verdaderamente presidía aquella asamblea. El Credo de Nicea expresa la fe de la Iglesia El Credo que proclamó Nicea es una síntesis de la catequesis cristiana primitiva transmitida a los fieles antes de recibir su bautismo y se basaba en las mismas Sagradas Escrituras; era asimismo expresión unánime de la fe de la Iglesia desde los tiempos apostólicos. Contra el arrianismo, que negaba la divinidad de Cristo, solemnemente se proclamó que Jesucristo era “Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza (en griego: homoousios) que el Padre”. Algunos historiadores afirman que Constantino apoyó la introducción de esta última y famosa fórmula doctrinal de Nicea. Sin embargo, también señalan otros que procedía de su consejero teológico Osio de Córdoba. “Según el testimonio de San Atanasio (que participó personalmente en Nicea, como presbítero asistente del Patriarca de Alejandría) la postura de Osio de Córdoba fue determinante para la introducción de ese término”, afirma el experto historiador de los concilios ecuménicos Klaus Schatz. De todas maneras, el mismo apóstol Pablo había ya proclamado hacia el año 57 d. C. (¡medio siglo antes de la composición del cuarto Evangelio, el Evangelio del Verbo encarnado!) que “Cristo es imagen de Dios” (2 Cor 4,4; cf. Fil 2,6) y la epístola a los Colosenses, alrededor del año 80, también confesaba: “En Cristo reside corporalmente la plenitud de la divinidad” (Col 2, 9). Pueden verse también los testimonios concordantes de otros escritos del Nuevo Testamento tales como Hb 1, 3; Tit 2, 13 y 2 Pe 1, 1...Así que, con o sin Constantino, Nicea únicamente reafirmó la fe común de la Iglesia en la divinidad de Jesucristo. En cuanto a la cuestión del celibato, ciertamente hubo obispos que intentaron introducirlo en Nicea, pero tal propuesta fracasó ante la lúcida y autorizada oposición del confesor San Pafnutio. Pese a que solamente poseía un ojo (pues el otro le había sido arrancado por sus torturadores, quienes no pudieron sin embargo arrancarle su fe), San Pafnutio tuvo mayor clarividencia que sus demás colegas y argumentó (¡ya entonces!) que no debía la Iglesia imponer un yugo tan pesado a sus sacerdotes, para no conducirles al libertinaje. El Concilio de Nicea por tanto conservó vigente la antigua costumbre de los sacerdotes casados, tal y como subsiste hasta el día de hoy en el Oriente cristiano y entre los sacerdotes católicos de rito oriental; el celibato obligatorio fue impuesto a todo el clero católico occidental hacia fines del siglo XI por el Papa y monje Gregorio VII. Para los Padres de Nicea la Iglesia romana apenas cubría el centro y sur de Italia. Precisamente el canon 6 del concilio establecía la jurisdicción territorial del obispo de Alejandría sobre Egipto, Libia y la Pentápolis, de forma análoga a la que ejercían los obispos de Roma y Antioquia en sus territorios. Por tanto, para los Padres de Nicea había tres Iglesias principales: Alejandría, Roma y Antioquia, sin sumisión mutua, pero en comunión y relación reciproca. ¿Qué queda, después de elucidar estos hechos, de las afirmaciones de los autores? Talvez únicamente un hecho real: que Constantino cooptó políticamente a la Iglesia y su prestigio, cubriéndola de honores mundanos, con lo cual decayó su fervor y su testimonio. Empero la historia es dialéctica y el Espíritu Santo orquestó un contundente contrapunto a la manipulación de Constantino (que necesitaba una nueva religión para unificar el imperio), inspirando un masivo movimiento de protesta al interior de la Iglesia. Miles de fieles se retiraron a las grutas de los desiertos, renunciando a todo, para testimoniar su entrega total al único absoluto necesario: Dios. Desde los desiertos de Egipto, Siria y Palestina, el movimiento monástico irradió su mística arrolladora hacia el resto de la Iglesia y alcanzaría, en el transcurso de los siglos, una fecundidad insospechada, inspirando el monacato occidental de San Benito –¡que refundó Europa!-, así como el fervor, la fe y el dinamismo apostólico de grandes Padres de la Iglesia como San Basilio, San Juan Crisóstomo, San Gregorio Nacianceno, San Jerónimo y otros más, que en los siglos IV y V llevarían al cristianismo un vigor inigualable. En los Concilios ecuménicos de Nicea y Calcedonia se definió a Jesucristo como verdadero Dios y verdadero hombre; tal confesión de fe constituye hasta el día de hoy el Credo común aceptado con reverencia unánime por católicos, ortodoxos, anglicanos, luteranos y calvinistas. Pero no por esta obra, que lo considera una abominación (p.199: “Raquel: Pero usted, Jesucristo, también es dios verdadero. Usted...usted es dios. Jesús: Detente, Raquel. Me horroriza lo que estás diciendo. Sólo Dios es Dios”). ¡Con horror los autores, por boca de su tal Jesús, rechazan la confesión de fe de la cristiandad!, que, con las palabras del apóstol Tomás, al unísono proclama ante el Señor resucitado: “¡Señor mío y Dios mío!” (Jn 20, 28). Otras inconsistencias de este libro Podríamos continuar sometiendo a análisis crítico muchas otras inconsistencias de estos guiones radiales, pero ya es suficiente. Se trazan caricaturas de la Voluntad de Dios, del ministerio sacerdotal, de la vida religiosa, del bautismo, del culto cristiano, de la vida monástica y luego se procede a descartarlos de un plumazo. Otras veces se recurre a modelos teológicos ya superados por la mejor teología católica (por ejemplo en cuanto a la fundación de la Iglesia por Jesús, o a su institución de los siete sacramentos) y junto con el viejo modelo, se descarta la sustancia del asunto, que bien puede sustentarse sólidamente con una nueva teología. Irrespetando la cultura religiosa de nuestros pueblos latinoamericanos arremeten los autores contra las devociones y los dogmas marianos, sin hacer siquiera un esfuerzo intelectual por comprenderlos; ridiculizan, por ejemplo, la Asunción de María, concibiéndola como elevación física corporal hacia las nubes del cielo, quedándose atrapados en una imagen simbólica, sin vislumbrar siquiera que la sustancia del asunto es la participación de la Madre del Señor en la plenitud de su Resurrección; rechazan también la designación de María como Madre de Dios – presentada por ellos erróneamente como dogma de fe, cuando en realidad es doctrina católica no definida dogmáticamente- figurándose equivocadamente que significa Madre de Dios Creador, en vez de Redentor. La lista de imprecisiones históricas, exegéticas y teológicas podría aún ampliarse. Uno de los agravantes de estos programas radiales es que se presentan como una nueva catequesis actualizada y fundamentada en la más reciente y esclarecida teología. Si bien el libro contiene aciertos, tal y como reconocimos al principio, y hay en él capítulos interesantes e incluso provechosos, su tono y contenido fundamentalmente son panfletarios. A muchas cosas se les juzga desde su abuso (que debemos criticar y corregir), mas sin lanzarlas por la borda, ya que el hecho que se abuse de ellas no les quita para nada su valor intrínseco. Abusar de la confesión es un error, pero una buena confesión puede dar un vuelco radical a la vida de un creyente y reorientarla hacia el Reino de Dios. El bautismo no se recibe únicamente para aprender a compartir y disponerse a luchar por la justicia –ambos valores esenciales, que también realizan muchos judíos, budistas, hindúes, musulmanes, agnósticos o ateos- sino para realizar eso mismo y otros valores más, desde la fe y la participación en Jesucristo. “Lo único que Dios nos pide es amor y compasión con nuestros semejantes. Todo se reduce a eso”, afirman los autores (p. 246). ¡No! Dios también nos pide amarle con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con toda nuestras fuerzas (Dt 6, 4-5; Mc 12, 29-30). Ambos amores son inseparables: el amor a Dios y el amor al prójimo. Y la raíz que nutre nuestro amor al prójimo es el amor a Dios –de ahí la necesidad de la Iglesia, los sacramentos, la Palabra de Dios, la oración y la vida cristiana. Jamás olvidemos que en el Evangelio de Lucas, a la parábola del Buen Samaritano le sigue la escena de María de Betania a los pies de Jesús, absorta escuchando su Palabra (Lc 10, 25- 42). Para el cristiano, la práctica de la misericordia y el encuentro con Jesucristo son complementarios y se refuerzan mutuamente. No sólo la justicia; la fe también es un valor esencial. “Le preguntaron a Jesús: ¿Qué tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios? Jesús les contestó: La obra de Dios consiste en que ustedes crean en aquél que Él envió”. (Jn 6, 28-29). “Está cerca el reino de Dios: arrepiéntanse y crean en la Buena Noticia” (Mc 1, 15). Sí, ciertamente: nuestro países no cambiarán si antes no cambian las falsas imágenes de Dios. Otra imagen de Dios es posible: la de un Dios que nutra la ternura, el amor y la misericordia; la de un Dios que aliente la equidad de género, el cuido de la Creación, la bondad y la justicia; la de un Dios de rostro materno. A ese Dios, sin embargo, no necesitamos ir a buscarlo lejos, ni mucho menos inventárnoslo nosotros mismos a nuestra imagen y semejanza. Descubrimos su Rostro en Jesús de Nazaret, el Mesías de Dios.
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El Escritor Méxicano Rius, traumatizado. |
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Acabo de recibir OTRO DIOS ES POSIBLE y estoy casi casi traumatizado por la maravilla que han hecho. Me hicieron feliz. Ya empecé a oir también el CD y me parece superbueno y todo lo demás. Curiosamente, el año pasado hice un libro “¿Sería católico Jesucristo?”, donde recurro también a un diálogo con Jesús muy al estilo del de ustedes. ¡Vaya coincidencia! Se me hace que estamos en telepatía… El libro nos cae como anillo al dedo, pues estamos a punto (si la burocracia política nos deja) de re-iniciar una radio aquí en Tepoztlán, donde podemos usar el material todos los domingos. Creo que un programa así causará sensación en esta región del estado de Morelos, junto a Cuernavaca, tan querida por Méndez Arceo, don Sergio.
Eduardo del Río, Rius México
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